¿Te bañarías? El Río Sena en París está abierto para los bañistas después de más de 100 años.

El Río Sena en París está abierto para los bañistas después de más de 100 años

Por primera vez en más de un siglo, los parisinos pudieron lanzarse al Sena con traje de baño y sin miedo. Después de 102 años de prohibición, el Ayuntamiento de París abrió al público tres zonas oficiales para nadar en el río que recorre el corazón de la capital. Sin embargo, la alegría duró poco: la lluvia obligó a cerrar las zonas de baño apenas días después de la inauguración.

La reapertura forma parte del ambicioso legado de los Juegos Olímpicos París 2024, donde el Sena fue protagonista en las ceremonias y competencias acuáticas. Pero más allá del simbolismo, esto representa el final (o el comienzo) de una batalla ambiental que costó 1.500 millones de dólares y más de una década de ingeniería sanitaria.

Un baño de historia, ciencia y paciencia en París

El río Sena fue durante siglos la gran arteria de París, utilizado para el comercio, la vida social y el ocio. Pero la contaminación industrial y los vertidos urbanos lo convirtieron en un vertedero en el siglo XX. En 1923, las autoridades prohibieron oficialmente el baño debido a riesgos sanitarios. En su punto más crítico, el Sena solo albergaba tres especies de peces.

Todo comenzó a cambiar en 2015 con el objetivo claro de recuperar el río para los Juegos Olímpicos y, después, para los ciudadanos. La transformación fue titánica: nuevas plantas de tratamiento, cuencas de retención de aguas residuales y una red de monitoreo diario de calidad del agua. Hoy, el Sena alberga más de 30 especies de peces y la calidad del agua cumple con los estándares europeos… la mayoría de los días.

¿Qué pasó tras la apertura del río Sena?

El 6 de julio de 2025, más de 2.300 personas se lanzaron al agua en tres zonas de baño habilitadas: Bras Marie, Bras de Grenelle y Bercy, todas con control sanitario y supervisión de socorristas. Sin embargo, las lluvias del 7 y 8 de julio desbordaron el sistema de alcantarillado, arrastrando aguas residuales sin tratar al Sena.

Aunque existen obras como la cuenca de Austerlitz (con capacidad para 50.000 metros cúbicos), los técnicos decidieron cerrar los accesos por precaución sanitaria. Las muestras diarias revelaron presencia de bacterias como Escherichia coli y enterococcus, típicas de contaminación fecal.

El 10 de julio se reabrieron los puntos de baño, pero el episodio dejó clara una realidad: la calidad del agua depende fuertemente del clima, y la reapertura no será permanente ni garantizada.

El Río Sena en París está abierto para los bañistas después de más de 100 años

Tecnología de punta, pero la naturaleza manda

Las autoridades utilizan un sistema de alerta temprana capaz de detectar bacterias en solo 15 minutos. Aun así, el margen de error existe. Organizaciones como Fluidion han expresado dudas sobre la precisión de los controles oficiales, alertando que “la ciencia actual no siempre respalda las conclusiones sobre seguridad del agua”.

En paralelo, ciudadanos como Cléa Montanari celebran esta posibilidad: “Es un sueño hecho realidad. Si algún día el Sena fuera potable, sería el objetivo final. Pero ya poder nadar en él es realmente bueno”.

Un legado olímpico y ambiental

La reapertura del Río Sena no es solo un guiño al pasado, sino un mensaje al futuro. Con horarios definidos y medidas de seguridad, la ciudad permite que mayores de 10 o 14 años (según el sitio) accedan gratuitamente a estas zonas durante el verano. Las banderas informan en tiempo real si está permitido bañarse, siguiendo un código tipo semáforo.

Más allá de los contratiempos, el Sena vuelve a ser parte activa del verano parisino. Y aunque las lluvias aún tienen la última palabra, París se atreve a soñar con una ciudad más verde, limpia y conectada con su río.

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